{"id":6296,"date":"2015-05-08T10:07:38","date_gmt":"2015-05-08T09:07:38","guid":{"rendered":"http:\/\/2horizontes.com\/?p=6296"},"modified":"2015-05-08T10:07:38","modified_gmt":"2015-05-08T09:07:38","slug":"ciudad-dabin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/2horizontes.com\/?p=6296","title":{"rendered":"Ciudad Dabin"},"content":{"rendered":"<p>\u00abO\u00edmos el eco de una bomba a lo lejos y despu\u00e9s un pariente nos llam\u00f3: \u2018Hay que marcharse, se est\u00e1n acercando\u2019, nos dijo. Ni lo pensamos, metimos algunos enseres en una bolsa y nos fuimos\u00bb.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Desde enero de 2014, la historia se ha ido repitiendo una y otra vez. Aterrorizadas ante la idea de acabar en manos de los hombres de negro del Estado Isl\u00e1mico, cientos de miles de personas han huido al norte de Irak. Entre julio y septiembre, bajo unas temperaturas que en momentos llegaban a superar los 50 grados, encontraron refugio donde pudieron: en parques, en colegios o en los m\u00faltiples edificios en construcci\u00f3n de la regi\u00f3n. Este es el caso de la ciudad de Zakho, a pocos kil\u00f3metros de las fronteras siria y turca.<\/p>\n<p>Dabin City, por el nombre de su promotor inmobiliario, es un grupo de inmuebles sin acabar en pleno coraz\u00f3n de esta ciudad de 350.000 habitantes, donde se refugiaron m\u00e1s de 120.000 personas el pasado mes de agosto. Originarias sobre todo de Sinjar, han huido del horror, dejando atr\u00e1s su vida, y han emprendido un incre\u00edble periplo a trav\u00e9s de las monta\u00f1as y de Siria hasta volver a pisar suelo iraqu\u00ed.<\/p>\n<p>Junto a la ONG Acci\u00f3n contra el Hambre, salgo al encuentro de estas familias pocos d\u00edas despu\u00e9s de su llegada. Edificios a medio construir para unas vidas destrozadas\u2026 tal es mi primera sensaci\u00f3n ante el desamparo de estas mujeres que miran al objetivo de la c\u00e1mara en busca de respuestas. Es la primera vez que voy a Dabin City. A mi alrededor hay unas 50 personas, y sus miradas encierran la misma angustia que reflejan sus palabras que no entiendo.<\/p>\n<p>El lugar acoger\u00e1 a hasta 7.000 personas antes de que la mayor\u00eda de ellas sean realojadas en campos que lindan con la ciudad. En diciembre, varios cientos de personas no quer\u00edan a\u00fan dejar el lugar y explicaban que las condiciones de vida en los campos son todav\u00eda peores. El relato que sigue recoge cinco momentos de la historia de Dabin City y de sus ocupantes para comprender la crisis humanitaria y a quienes la sufren.<\/p>\n<h3><strong>Cap\u00edtulo 1: El impacto<\/strong><\/h3>\n<p>Mohsen camina r\u00e1pido de un edificio a otro. Algunos le interpelan, otros reciben palmadas suyas en la espalda o bien disculpas. Con una libreta en la mano, va de un lado a otro, apunta el nombre de los reci\u00e9n llegados y comunica la lista a las autoridades y organizaciones humanitarias para que la ayuda pueda llegar a los m\u00e1s desfavorecidos.<\/p>\n<div id=\"sumario_4|foto\" class=\"centro\">\n<div class=\"media\">\n<div class=\"foto figure\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" title=\"\" src=\"http:\/\/ep01.epimg.net\/elpais\/imagenes\/2015\/05\/04\/planeta_futuro\/1430751048_044421_1430754669_sumario_normal.jpg\" alt=\"\" width=\"560\" height=\"366\" \/><span id=\"capaAmpliarFotoReposo_p7\" class=\"ampliar_foto reposo\"><\/span><\/p>\n<p class=\"figcaption estirar\">Distribuci\u00f3n de botellas de agua entre la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Mohsen forma parte de los primeros desplazados yazid\u00edes que han alcanzado Zakho a principios del mes de agosto. Este joven profesor ha visto llegar a las familias hasta Dabin City, cada vez en mayor n\u00famero y cada vez m\u00e1s afligidas. Al advertir su desamparo, decidi\u00f3 ponerse a su servicio. Siempre que me acerco por all\u00ed le veo de lejos, con su cara cansada, yendo y viniendo sin parar. Cuando se percata de mi presencia se para y me habla de los reci\u00e9n llegados, de aquella se\u00f1ora mayor que ha fallecido el d\u00eda anterior en una de las torres o de aquel empleado de la empresa de construcci\u00f3n que se cay\u00f3 desde varios metros de altura hace unos d\u00edas. Durante semanas, su apoyo ser\u00e1 extremadamente valioso, hasta el punto de convertirse en un empleado de Acci\u00f3n contra el Hambre muy orgulloso de haberse \u00abunido a los que le ayudaron\u00bb.<\/p>\n<p>En medio de la ciudad, cinco inmuebles en construcci\u00f3n se encuentran frente a frente. Dan cobijo desde hace m\u00e1s de una semana a un n\u00famero cada vez mayor de desplazados en condiciones de extrema vulnerabilidad. Al entrar en uno de los edificios, un olor nauseabundo penetra en la nariz, en medio de una nube de moscas. Hay que caminar con cuidado sobre tablas en precario equilibrio para no pisar el agua estancada, origen de la pestilencia. El recorrido sigue por una escalera oscura con pelda\u00f1os de hormig\u00f3n desiguales. Desde la pared sobresalen trozos de ferralla y hay que subir con cuidado para no rasgarse la piel de los brazos.<\/p>\n<p>Las dos primeras plantas est\u00e1n desocupadas por el olor tan fuerte que se respira en ellas. En la tercera planta, hay unos ni\u00f1os sentados en la penumbra al lado de un agujero cubierto por una rejilla y que desemboca directamente en la planta baja. Algunas familias han acondicionado peque\u00f1os espacios con ladrillos recogidos aqu\u00ed y all\u00ed. Otras han recuperado un colch\u00f3n o dos, una esterilla, un bid\u00f3n de agua. Pocas veces se ven m\u00e1s pertenencias que estas.<\/p>\n<p>En la cuarta y en la quinta planta, las paredes est\u00e1n terminadas pero hay boquetes enormes por doquier, un peligro para los cientos de ni\u00f1os que tratan de escapar del aburrimiento con juegos cada vez m\u00e1s peligrosos. Ahmed Saoud es un abogado originario de Sinjar, vive con su familia en una de estas estancias: \u00abSolo llevamos aqu\u00ed cinco d\u00edas. No hay nada, no hay agua, no hay aseos, hay que bajar cada vez\u00bb. Adem\u00e1s de las necesidades inmediatas, hay una pregunta que vuelve sin cesar: \u00ab\u00bfAd\u00f3nde podemos ir? No nos podemos quedar aqu\u00ed, ya no hay nada para nosotros en Irak\u00bb.<\/p>\n<p>En el edificio de enfrente, la misma miseria y a\u00fan m\u00e1s riesgos. Ni siquiera hay una pared para protegerse del vac\u00edo, y se ven peque\u00f1as piernas balancearse a quince metros del suelo, ajenas al peligro. Por todas partes hay colchones tirados en el suelo en los que descansan cuerpos afligidos, con la mirada cansada.<\/p>\n<p>El camino para llegar hasta aqu\u00ed ha sido largo y solo ha tra\u00eddo m\u00e1s preguntas. Mosha, una mujer de unos treinta a\u00f1os originaria de un pueblo cerca de Sinjar, cuenta su larga marcha hasta Zakho. Rompe a llorar al evocar la muerte de sus parientes a manos de los yihadistas del Estado Isl\u00e1mico. Se da la vuelta y se va, incapaz de proseguir con su relato.<\/p>\n<p>En el exterior, la multitud se est\u00e1 agolpando al iniciarse un reparto de comida. Llegan dos camiones y una mir\u00edada de ni\u00f1os corre detr\u00e1s, con un plato en la mano. La generosidad local ha permitido organizar un reparto de comidas calientes, una ayuda importante pero precaria.<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s tarde llegan raciones alimentarias para las familias, as\u00ed como kits de higiene. Tambi\u00e9n se instalan enormes mangueras de agua en la primera planta de uno de los edificios. \u00c9stas suplir\u00e1n a los dep\u00f3sitos met\u00e1licos expuestos a pleno sol que dispensan un agua excesivamente caliente.<\/p>\n<p>Quien lo sabe bien es el comerciante que vemos al entrar en esta extra\u00f1a ciudad. El congelador en el que se sienta se ha convertido en un punto de avituallamiento para quienes pueden comprar agua en peque\u00f1as botellas de medio litro. Los dem\u00e1s tendr\u00e1n que esperan un poco m\u00e1s para que el agua llegue a los dep\u00f3sitos.<\/p>\n<p>Son las cinco de la tarde y empieza la distribuci\u00f3n. Las camionetas llegan levantando a su paso una nube de polvo. Dos veh\u00edculos se detienen delante de cada inmueble. A pesar del gran n\u00famero de personas, todo se va organizando poco a poco y se ha nombrado para cada entrega a una persona de referencia para identificar las necesidades y determinar a los beneficiarios.<\/p>\n<p>Desde lo alto de los inmuebles, miles de ojos miran hacia el contenido de los camiones que se van vaciando a medida que se escuchan los nombres. Cubos, jab\u00f3n, esponjas, latas de at\u00fan, t\u00e9, az\u00facar, raciones para cinco personas y tres d\u00edas que no borran ni la angustia ni la rabia, pero que permitir\u00e1n paliar las necesidades m\u00e1s acuciantes.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Cap\u00edtulo 2: Olor a muerte tras la hu\u00edda<\/h3>\n<p>La situaci\u00f3n en el norte de Irak segu\u00eda siendo extremadamente confusa en septiembre de 2014. Si bien las fuerzas kurdas hab\u00edan logrado contener el avance del Estado Isl\u00e1mico, las zonas ocupadas son muchas. Los actores humanitarios se hab\u00edan desplegado principalmente en las gobernaciones de Dohuk, Erbil y Sulamaniyah, y aunque ya no hab\u00eda desplazamientos masivos de poblaci\u00f3n como ocurri\u00f3 en el mes de agosto, con la llegada de 15.000 personas diarias a la gobernaci\u00f3n de Dohuk, las necesidades siguen siendo enormes.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/2horizontes.com\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/dabincity.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-6298\" src=\"http:\/\/2horizontes.com\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/dabincity-300x200.jpg\" alt=\"dabincity\" width=\"300\" height=\"200\" srcset=\"https:\/\/2horizontes.com\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/dabincity-300x200.jpg 300w, https:\/\/2horizontes.com\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/dabincity-510x340.jpg 510w, https:\/\/2horizontes.com\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/dabincity.jpg 560w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>En Dabin City, un grupo de inmuebles sin acabar en pleno coraz\u00f3n Zakho (a pocos kil\u00f3metros de las fronteras siria y turca) cerca de 6.500 personas ocupan el lugar y ya no quedan muchas m\u00e1s plazas libres. Aunque a\u00fan me faltan unos 50 metros para llegar, me impresiona el olor que desprende, el de miles de personas atrapadas en unos edificios desprovistos de sistema de saneamiento. A sus pies se pueden ver algunas letrinas de emergencia delante de las cuales decenas de mujeres est\u00e1n haciendo cola. A falta de instalaciones adecuadas, los ocupantes tiran la basura y el agua sucia desde lo alto de las torres. M\u00e1s vale no caminar pegado a las paredes para evitar recibir nada en la cabeza. Arriba del todo en uno de los edificios, el olor es pestilente. La subida de la escalera se ha transformado en un aseo gigante. Mohsen me explica que, por la noche, las mujeres y los ni\u00f1os evitan ir a las letrinas cuyo acceso es dif\u00edcil y vienen aqu\u00ed a hacer sus necesidades. Est\u00e1 inquieto al percatarse de la velocidad a la que se degrada la situaci\u00f3n en ese lugar.<\/p>\n<p>Tras largas conversaciones con el promotor, ha aceptado que Acci\u00f3n contra el Hambre construya unas 50 letrinas, nuevos puntos de agua y retire las toneladas de escombros que poco a poco transforman Dabin City en un vertedero. Pero si bien ha dado su visto bueno para estas instalaciones, el propietario tambi\u00e9n ha impuesto un ultim\u00e1tum a los ocupantes. Deben abandonar Dabin City el 15 de septiembre. La angustia es palpable en las torres y la gente quiere saber ad\u00f3nde ir. Muchos sue\u00f1an con Europa, Am\u00e9rica, \u00ab\u00bfc\u00f3mo conseguir un visado? \u00ab\u2026 no cabe volver a casa. Algunos intuyen de inmediato que es probable que jam\u00e1s abandonen el suelo iraqu\u00ed y se burlan de los que mantienen esperanzas: \u00abLlama a Obama, seguro que te ayuda\u00bb.<\/p>\n<p>Los equipos psicosociales de las organizaciones humanitarias se enfrentan diariamente a estas mismas preguntas y los relatos de los desplazados son aterradores: parientes asesinados, ni\u00f1os secuestrados, cada historia m\u00e1s horrible que la otra. Por parejas, los equipos recorren los edificios, se sientan con las familias, escuchan y prodigan consejos cuando es posible, y remiten a los profesionales de la salud los casos que requieren atenci\u00f3n. Entre las personas con las que se entrevistan est\u00e1 Yousef. Le veo a menudo vagar por el polvoriento Dabin, le cuesta comunicarse y necesita atenci\u00f3n psiqui\u00e1trica. Me suele seguir cuando me acerco a las familias, y todos aqu\u00ed le conocen y se burlan de su sonrisa inocente. Hacia finales del mes de septiembre me lo vuelvo a cruzar: lleva los mismos pantalones y la misma camisa en la que se acumulan manchas de grasa y suciedad. Su rostro tambi\u00e9n est\u00e1 marcado y hay algo que me llama la atenci\u00f3n: Yousef sonr\u00ede, cualquiera que sea la situaci\u00f3n, pero sus dientes blancos de los primeros d\u00edas han cambiado de color, est\u00e1n amarillentos y cubiertos por una gruesa capa de sarro. Reflejan bien lo que la gente vive aqu\u00ed: los cuerpos sufren en Dabin, por los escasos cuidados que se les prodiga, la temperatura, la insalubridad del lugar, y las personas vulnerables como Yousef son las primeras v\u00edctimas. Tira suavemente de mi manga y apunta con el dedo a una ventana; su familia est\u00e1 all\u00ed arriba, en alg\u00fan lugar de la enorme masa de hormig\u00f3n que con pudor llaman la torre n\u00famero 5.<\/p>\n<div id=\"sumario_2|html\" class=\"izquierda\"><\/div>\n<p>Yousef me lleva a trav\u00e9s del d\u00e9dalo de escaleras de su torre. Traspasado el hedor pantanoso de la planta baja, subimos los pelda\u00f1os un poco al azar. Despu\u00e9s recorremos un largo pasillo al final del que cuelga una s\u00e1bana de la pared. Yousef la levanta: toda su familia est\u00e1 detr\u00e1s, reunida en una peque\u00f1a estancia de no m\u00e1s de 15 metros cuadrados. Yousef se sienta entre sus dos hermanos mayores, Hatou y Ralaf Bro Mrad, y yo me siento en un colch\u00f3n con estampado de flores que desentona en medio del hormig\u00f3n. Los dos hermanos empiezan a contar c\u00f3mo fue su huida: \u00abSalimos de Qanasour, en el Sinjar. Caminamos, sin nada, como todos los que est\u00e1n aqu\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando llegaron, la poblaci\u00f3n les brind\u00f3 ayuda enseguida. \u00abLa gente nos tra\u00eda de todo, comida, colchones. No los conocemos bien, pero intentan ayudarnos. Sin embargo, f\u00edjate, todo lo que tenemos aqu\u00ed huele mal\u00bb. Incluso en la quinta planta del edificio el olor le persigue a uno, un olor a muerte con el que solo las moscas parecen conformarse.<\/p>\n<p>\u00abDesde que estamos aqu\u00ed, vagamos por el polvo sin saber qu\u00e9 vendr\u00e1 despu\u00e9s. \u00bfVolver al Sinjar y esconderse en las monta\u00f1as? \u00bfEsperar a que se abran campos? Todo lo que vemos es el cartel que nos dice que nos marchemos\u00bb. Para cuando venza el ultim\u00e1tum, Hatou y su familia esperan ya no estar aqu\u00ed. \u00ab\u00bfEuropa quiz\u00e1s?\u00bb, pregunta sin hacerse demasiadas ilusiones.<\/p>\n<p>Yousef guarda silencio desde que llegamos. Su hermano le mira durante largo rato: \u00abNo sabe qu\u00e9 edad tiene. Tampoco sabe por qu\u00e9 est\u00e1 aqu\u00ed\u00bb. Seg\u00fan su familia, tiene algo m\u00e1s de 30 a\u00f1os, y su sonrisa permanente no permite saber lo que siente. \u00abEst\u00e1 loco\u00bb, dice uno de sus hermanos en ingl\u00e9s. Nadie sabe con exactitud lo que tiene, pero todos se ocupan de \u00e9l. Yousef mira fijamente al cielo. Ralaf lo observa y exclama: \u00abCuando llegamos aqu\u00ed, Yousef mir\u00f3 por la ventana y dijo: &#8216;Qu\u00e9 bonita es Alemania\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Continuar\u00e1 &#8230;<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abO\u00edmos el eco de una bomba a lo lejos y despu\u00e9s un pariente nos llam\u00f3: \u2018Hay que marcharse, se est\u00e1n acercando\u2019, nos dijo. 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