{"id":62123,"date":"2017-01-23T10:59:21","date_gmt":"2017-01-23T09:59:21","guid":{"rendered":"http:\/\/2horizontes.com\/?p=62123"},"modified":"2017-01-23T10:59:21","modified_gmt":"2017-01-23T09:59:21","slug":"fui-de-turismo-a-indonesia-y-acabe-sobreviviendo-a-un-naufragio-tras-22-horas-en-el-agua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/2horizontes.com\/?p=62123","title":{"rendered":"Fui de turismo a Indonesia y acab\u00e9 sobreviviendo a un naufragio tras 22 horas en el agua"},"content":{"rendered":"<p>Nunca olvidar\u00e9 el momento en que m\u00e1s miedo he pasado en toda mi vida. Fue cuando Mar\u00eda me despert\u00f3 aterrada y me dijo que el barco estaba fuera de control. Mir\u00e9 por la claraboya y vi un mar que mec\u00eda a nuestro barco de madera sobre una monta\u00f1a rusa de olas. Eran las 12 de la noche del 16 de agosto de 2014. Ah\u00ed empez\u00f3 mi pesadilla, 22 horas de sufrimiento y agon\u00eda que han cambiado mi vida para siempre.<\/p>\n<p>C\u00f3mo imaginarnos lo que iba a ocurrir cuando apenas dos d\u00edas antes nos hab\u00edamos subido a un barco en la isla de Lombok (Indonesia) junto a veinte turistas y cinco tripulantes para un viaje paradis\u00edaco. Islas desiertas, volcanes y el drag\u00f3n de Komodo, nuestro destino final al que jam\u00e1s llegamos. Nuestra aventura fue otra.<\/p>\n<p>Era medianoche cuando al despertarme, baj\u00e9 al puente para pedir explicaciones al capit\u00e1n sobre lo que ocurr\u00eda. Bajar por esas escalerillas era jugarse la vida. El barco era una atracci\u00f3n de feria. Un golpe de una ola me hubiera tirado por la borda. Trat\u00e9 de hablar con \u00e9l, pero solo me respondi\u00f3 con un gesto con el pulgar hacia arriba y sonriendo. Jam\u00e1s nadie me ha transmitido m\u00e1s inseguridad. Estaba desencajado.<\/p>\n<p>Dos veces repet\u00ed la misma escena y en ambas ped\u00ed chalecos salvavidas para todos, pero nadie se atrevi\u00f3 a d\u00e1rmelos, porque abandonar el puente era jugarse la vida. Los cog\u00ed yo. Vi a otros pasajeros hacer lo mismo. Y entonces se produjo lo inevitable. Los motores se pararon y se encendieron las luces. El gu\u00eda que chapurreaba ingl\u00e9s subi\u00f3 a la cubierta donde dorm\u00edamos: \u00abEsta es una situaci\u00f3n de emergencia, poneos los chalecos salvavidas, el barco se hunde\u00bb.<\/p>\n<p>Mir\u00e9 a Mar\u00eda y, sin decirnos nada, supe que ahora el mando deb\u00edamos asumirlo los pasajeros. Pero aquel barco era un desprop\u00f3sito. No hab\u00eda radio, ni gps, ni balizas, nada. Est\u00e1bamos condenados. El d\u00eda anterior, el barco se hab\u00eda golpeado al encallar en un arrecife de coral. Ahora, justo en ese mismo lugar del casco, junto al tanque de gasolina, se hab\u00eda abierto un agujero. A un marinero, por llamarle de alguna manera, se le ocurri\u00f3 la genial idea de hacer un fuego en proa y luego, con una antorcha, dirigirse a popa para hacer lo mismo. Un tropiezo y hubi\u00e9ramos saltado por los aires.<\/p>\n<p>El gu\u00eda nos tranquiliz\u00f3 diciendo que una embarcaci\u00f3n de madera tarda horas en hundirse. Fueron veinte minutos. No hizo falta saltar al mar, el agua nos lleg\u00f3 pronto a la cintura. Eran las dos de la madrugada y ya est\u00e1bamos en el agua, en total oscuridad y silencio.<\/p>\n<p>Nos alejamos del barco agarrados al \u00fanico bote que hab\u00eda, para cuatro personas. Llev\u00e1bamos gafas de buceo, tubo y frontales. De ese momento, guardo una imagen en mi memoria. Cuando a\u00fan no nos hab\u00edamos alejado mucho del barco, met\u00ed la cabeza en el agua y vi el barco partido en dos y nuestras mochilas hundi\u00e9ndose hacia el fondo oscuro. Entonces pens\u00e9: \u00abLo que va ah\u00ed dentro no importa, solo importa sobrevivir\u00bb.<\/p>\n<p>Hubo una peque\u00f1a parte del barco que no lleg\u00f3 a hundirse, sino que flotaba. Apenas cab\u00edan ocho personas en ese pedazo de barco. Salvo los cuatro que ocupaban el bote y los ocho que se encaramaron a los restos del barco, los dem\u00e1s estaban dentro del agua con sus chalecos salvavidas.<\/p>\n<p>Al amanecer, vimos una isla con un volc\u00e1n en erupci\u00f3n. Estaba a ocho kil\u00f3metros, pero el mar no invitaba a nadar. Pens\u00e9 que vendr\u00edan a buscarnos, pero recordaba que aquello era Indonesia. Al cumplirse diez horas de espera, el gu\u00eda del barco decidi\u00f3 nuestro destino: \u00abNadie va a venir a buscarnos porque nadie sabe que nos hemos hundido\u00bb.<\/p>\n<p>Mir\u00e9 a Mar\u00eda y le dije que ten\u00edamos que nadar hasta la isla, que una noche m\u00e1s en alta mar ser\u00eda la \u00faltima. Tratamos de nadar todos juntos alrededor del bote. Me at\u00e9 con una cuerda a \u00e9l (como todos), sub\u00ed y rem\u00e9 con un trozo de madera. Pero aquello no funcion\u00f3: como no avanz\u00e1bamos, el descontrol se apoder\u00f3 de la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando tom\u00e9 la decisi\u00f3n m\u00e1s trascendental de mi vida. Le dije a Mar\u00eda: \u00abSi no nos vamos, moriremos\u00bb. Ella asinti\u00f3. Se lo coment\u00e9 a Jorge y V\u00edctor, los otros dos espa\u00f1oles que iban en el barco, con quienes hab\u00edamos compartido muchas horas en ese viaje, pero no quisieron venir. Nunca m\u00e1s se supo de ellos.<\/p>\n<p>Mar\u00eda llor\u00f3 porque sab\u00eda que muchos de los que se quedaban atr\u00e1s, junto a aquel peque\u00f1o bote salvavidas, pod\u00edan morir. Sinceramente pens\u00e9 que no volver\u00eda a ver a muchos de ellos. Era consciente del riesgo tan alto de nadar solos. Una vez en marcha no hab\u00eda vuelta atr\u00e1s: era vivir o morir. Nos besamos, nos dijimos que nos quer\u00edamos y arrancamos.<\/p>\n<p>Vol\u00e1bamos, impulsados por la adrenalina. No hab\u00eda hambre, ni sed, ni fr\u00edo ni dolor. De los tiburones, que abundan en la zona, ni siquiera me preocup\u00e9. Siempre a unos metros uno del otro, nos anim\u00e1bamos pese al oleaje, las fuertes corrientes y las medusas que esquiv\u00e1bamos todo el rato. Las condiciones eran horribles. La perd\u00ed una vez, durante veinte minutos. Pero no desesper\u00e9, volv\u00ed a ella.<\/p>\n<p>Al cabo de seis horas, cazamos a otros tres que hab\u00edan abandonado el grupo media hora antes que nosotros. Cay\u00f3 la noche y el mar nos dio una tregua. Las aguas se calmaron un poco, lo que significaba que nos aproxim\u00e1bamos a la isla y que ya no est\u00e1bamos en mar abierto. De ese momento tambi\u00e9n guardo una imagen alucinante: met\u00ed la cabeza en el agua y todos nuestros cuerpos brillaban por el plancton. Nos result\u00f3 \u00fatil para no perdernos unos a otros.<\/p>\n<p>Ya est\u00e1bamos cerca de la isla cuando divisamos dos luces al este. Eran las 22.00 horas. Llev\u00e1bamos casi un d\u00eda entero en el agua. Tocamos nuestros silbatos y gritamos como nunca, con medio cuerpo fuera del agua. Fueron cinco minutos eternos. Los que tard\u00f3 aquella canoa con dos pescadores en llegar hasta nosotros. Estaban all\u00ed por pura casualidad. Me cogieron por los hombros como un pescado, y me derrumb\u00e9. Se fue la adrenalina y vino el dolor. El precio de nadar varios kil\u00f3metros durante ocho horas en esas condiciones. El precio que pagu\u00e9 al mar por dejarme vivir.<\/p>\n<p>Mi cuerpo hab\u00eda estado al l\u00edmite de sus fuerzas, pero mi mente m\u00e1s. Aquello no fue tanto un reto f\u00edsico como mental. Vi c\u00f3mo sub\u00edan a Mar\u00eda y a los tres pasajeros restantes. Llegamos a la orilla, me arrodill\u00e9 y me dej\u00e9 caer en la arena. Ella junto a m\u00ed. No hablamos, solo nos miramos. Todo el mundo me hace siempre la misma pregunta. \u00bfpensaste en la muerte? Yo sab\u00eda que la muerte estaba ah\u00ed, que estaba presente, pero no la vi, solo vi a Mar\u00eda.<\/p>\n<p>Hoy, dos a\u00f1os despu\u00e9s, no hay d\u00eda que no recuerde lo que viv\u00ed. De los veinticinco n\u00e1ufragos, finalmente rescataron a veintitr\u00e9s. A todos, a excepci\u00f3n de Jorge y V\u00edctor. Pienso en ellos y me digo: \u00abPod\u00eda haber sido yo\u00bb. Convivo con ello. Al grupo que parmaneci\u00f3 en los restos del barco los salv\u00f3, de milagro, un carguero que se cruz\u00f3 con ellos cuando iban a la deriva.<\/p>\n<p>Muchos me llaman h\u00e9roe, pero solo soy un superviviente. Volv\u00ed a mi trabajo nada m\u00e1s llegar a Espa\u00f1a y me met\u00ed corriendo al mar tan pronto como me fue posible. Ten\u00eda que normalizar mi vida para recuperarme.<\/p>\n<p>Dicen que lo que no te mata te hace m\u00e1s fuerte, qu\u00e9 gran verdad. Cada 16 de agosto nado en el mar, all\u00ed donde me encuentre, para recordar lo fuertes y vulnerables que somos ah\u00ed dentro. Necesito tener esa sensaci\u00f3n. Despu\u00e9s me siento junto a la orilla, de noche, miro al frente y no puedo creer lo que hice. Da miedo, pero el miedo te impulsa a vivir y a tomar decisiones.<\/p>\n<p>Ahora relativizo todas las cosas. Por ejemplo, antes de mi viaje a Indonesia, estaba frustrado porque una lesi\u00f3n en el tobillo me imped\u00eda practicar mis deportes favoritos. Incluso cuando alguien hablaba de jugar al f\u00fatbol, trataba de no escuchar. A partir del naufragio, dej\u00e9 de preocuparme por eso y adopt\u00e9 otra actitud. \u00bfQue no puedo jugar al f\u00fatbol? Vale, tengo el alpinismo, mi otra gran pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n me acuerdo a menudo del momento en que, durante el naufragio, ech\u00e9 la vista atr\u00e1s y vi que nuestras mochilas se hund\u00edan. Ahora s\u00e9 que ni mi c\u00e1mara fotogr\u00e1ficas ni mi m\u00f3vil ni tantas otras cosas materiales son de gran importancia.<\/p>\n<p>No acud\u00ed a psic\u00f3logo alguno, porque la mejor est\u00e1 en casa. La gente te ayuda y trata de empatizar, pero es imposible. En un caso as\u00ed, solo alguien que ha pasado por lo mismo puede comprenderte, y yo la tengo a mi lado cada noche. No tengo reparos en hablar del naufragio, me alivia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aprend\u00ed a perseguir mis sue\u00f1os. Siempre hab\u00eda jugueteado con la idea de hacer rutas tur\u00edsticas sobre la historia \u00e1rabe de Madrid, una de mis pasiones. Pero, aunque lo deseaba con fuerza, no me hab\u00eda atrevido. A mi vuelta de Indonesia todas las dudas se disiparon. \u00bfEs eso lo que quiero de verdad? Pues adelante. El mar me transform\u00f3, me llev\u00f3 a un umbral desconocido de mi mente y mi cuerpo, y me ense\u00f1\u00f3 a luchar por mis deseos.<\/p>\n<p>Tras el naufragio, mi padre atraves\u00f3 una mala \u00e9poca, y pas\u00e9 mucho tiempo a su lado. Nada me importa m\u00e1s que mis amigos, mi familia y mi mujer. A los dos meses de nuestra vuelta, Mar\u00eda se qued\u00f3 embarazada de Malena, que ya tiene 18 meses. Y ahora, cada noche, le susurro al o\u00eddo en su cuna: \u00abHija, recuerda, viniste del mar\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nunca olvidar\u00e9 el momento en que m\u00e1s miedo he pasado en toda mi vida. Fue cuando Mar\u00eda me despert\u00f3 aterrada y me dijo que el barco estaba fuera de control. Mir\u00e9 por la claraboya y vi un mar que mec\u00eda a nuestro barco de madera sobre una monta\u00f1a rusa de olas. 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