{"id":50687,"date":"2016-05-19T23:06:38","date_gmt":"2016-05-19T22:06:38","guid":{"rendered":"http:\/\/2horizontes.com\/?p=50687"},"modified":"2016-05-19T23:06:38","modified_gmt":"2016-05-19T22:06:38","slug":"venezuela-lo-quemaron-vivo-por-cinco-dolares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/2horizontes.com\/?p=50687","title":{"rendered":"Venezuela: lo quemaron vivo por cinco d\u00f3lares"},"content":{"rendered":"<div class=\"text\">\n<p>CARACAS. No sab\u00edan qu\u00e9 hab\u00eda hecho, pero vieron que el hombre se ech\u00f3 a correr y eso fue suficiente.<\/p>\n<p>Decenas de personas reunidas frente a un supermercado patearon y golpearon a Roberto Bernal hasta dejarlo ensangrentado y aturdido. Despu\u00e9s de todo, a ellos les hab\u00edan robado tel\u00e9fonos celulares, billeteras y motocicletas en los \u00faltimos a\u00f1os y pensaron que Bernal ten\u00eda cara de delincuente.<\/p>\n<p>Un hombre encorvado, de pelo canoso, que ven\u00eda detr\u00e1s de ellos, dijo que Bernal lo hab\u00eda asaltado.<\/p>\n<p>La turba vaci\u00f3 los bolsillos de Bernal y le entreg\u00f3 al anciano un fajo de billetes: el equivalente a cinco d\u00f3lares. Alguien roci\u00f3 la cabeza y el pecho de Bernal con gasolina y le prendi\u00f3 fuego. Despu\u00e9s todos vieron c\u00f3mo se quemaba vivo.<\/p>\n<p>\u201cEra para darle una lecci\u00f3n\u201d, dijo Eduardo Mijares, de 29 a\u00f1os. \u201cEstamos cansados ya de que la gente est\u00e9 robando, no se puede salir a la calle por la inseguridad. La polic\u00eda nunca est\u00e1. Esto es un pueblo sin ley\u201d.<\/p>\n<p>Los incidentes en que la gente hace justicia por mano propia cuando hay un robo hoy son moneda corriente en este pa\u00eds de 30 millones de habitantes, con altos \u00edndices de delincuencia, que alguna vez fue uno de los m\u00e1s ricos y seguros de Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>Todas las semanas la prensa informa de alguna golpiza por parte de una turba. Un fiscal inici\u00f3 74 investigaciones de matanzas perpetradas por turbas en los cuatro primeros meses del a\u00f1o, comparado con solo dos del a\u00f1o pasado. Y la mayor parte del pa\u00eds apoya estas actitudes, seg\u00fan una encuesta del Observatorio Venezolano de la Violencia, una organizaci\u00f3n independiente.<\/p>\n<p>Los ataques por parte de turbas revelan lo bajo que ha ca\u00eddo Venezuela, donde hay cortes de luz diarios y la escasez de alimentos hace que haya colas de varias cuadras en los supermercados. La abrupta ca\u00edda de los precios del petr\u00f3leo sac\u00f3 a la luz un deficiente manejo de la econom\u00eda e hizo que se desmoronase el tejido social de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p>El pa\u00eds tiene hoy una de las tasas de homicidios m\u00e1s altas del mundo y es dif\u00edcil encontrar una persona que no haya sido asaltada. En medio de tanta violencia, la muerte de Bernal no acapar\u00f3 titulares ni gener\u00f3 reacciones de los pol\u00edticos.<\/p>\n<p>\u201cLa vida aqu\u00ed es dram\u00e1tica. Siempre est\u00e1s estresado, asustado, y los linchamientos ofrecen una catarsis colectiva\u201d, dijo Roberto Brice\u00f1o Le\u00f3n, Director del Observatorio de la Violencia. \u201cNo puedes hacer nada sobre las colas o la inflaci\u00f3n, pero por un momento, la turba siente que marca una diferencia\u201d.<\/p>\n<p>Bernal pas\u00f3 toda su vida en las coloridas viviendas de bloques de hormig\u00f3n construidas en las barriadas de las colinas de los alrededores de Caracas. Aproximadamente, la mitad de los venezolanos habitan este tipo de casuchas donde no hay agua por meses y los residentes han empezado a saquear camiones que transportan alimentos.<\/p>\n<p>A sus 42 a\u00f1os, Bernal se hab\u00eda quedado sin trabajo y hace poco le hab\u00eda dicho a sus hermanas que a \u00e9l y su esposa les costaba alimentar a sus tres hijos. Quer\u00eda irse a buscar fortuna a Panam\u00e1.<\/p>\n<\/div>\n<h2 class=\"lead cita\">\u201cTodo el mundo tiene que estar asustado\u201d, dijo su sobrino Alfredo Cisneros. \u201cLa gente tiene que saber que ya no hay ley. Nadie est\u00e1 a salvo\u201d.<\/h2>\n<div class=\"text\">\n<p>Hombre tranquilo, musculoso, que estuvo en el ej\u00e9rcito, pas\u00f3 los \u00faltimos d\u00edas de su vida en la cocina de su hermana, preparando guisados para las Pascuas y parchitas acarameladas. Disfrutaba en silencio cuando ganaba al domin\u00f3.<\/p>\n<p>Sus seis hermanos lo consideraban un modelo a seguir, alguien que hab\u00eda triunfado en la vida porque hab\u00eda tomado clases de culinaria y se volvi\u00f3 un chef profesional. Encend\u00eda el televisor apenas regresaba a su casa y se iba de la sala apenas estallaba una discusi\u00f3n fuerte. Mucha gente que se cr\u00eda en los barrios marginales adopta la cultura dominante, que incluye hacerse tatuajes temporales o lucir gorras de b\u00e9isbol. Pero no Roberto.<\/p>\n<p>\u201cEra demasiado tranquilo, sencillo. No ten\u00eda ni apodo\u201d, dijo Teresa Bernal, una t\u00eda.<\/p>\n<p>Iba a la iglesia y enviaba mensajes de texto religiosos. La noche previa a su muerte les hab\u00eda enviado a sus familiares una serie de oraciones pidiendo la bendici\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p><b> <\/b><b><\/b><b>Las \u00faltimas horas de Bernal<\/b><\/p>\n<p>Esa ma\u00f1ana dej\u00f3 la casucha sin ventanas de su familia, antes de que saliese el sol, en medio de una humareda generada por un incendio en las monta\u00f1as. Tom\u00f3 un autob\u00fas, dej\u00f3 a su hija en la escuela y tom\u00f3 el metro.<\/p>\n<p>Cuando sali\u00f3 de nuevo a la calle en una concurrida arteria c\u00e9ntrica, se cruz\u00f3 con varias guacamayas que estaban volando. Pas\u00f3 junto a guardias apostados frente a negocios con poca mercanc\u00eda y departamentos protegidos por alambrados el\u00e9ctricos, comunes en las zonas de clase media de la capital.<\/p>\n<p>Bernal le dijo a su esposa que iba a un restaurante donde hab\u00eda conseguido trabajo. Pero se detuvo cerca de un banco, debajo de un cartel que anunciaba un servicio de env\u00edo de bienes escasos desde Miami.<\/p>\n<p>Un hombre setent\u00f3n pas\u00f3 a su lado. Llevaba un fajo de billetes por valor de cinco d\u00f3lares en una gorra de b\u00e9isbol, que luego guard\u00f3 en su saco.<\/p>\n<p>Era bastante dinero para alguien en la situaci\u00f3n de Bernal. Hubiera podido comprar alimentos por una semana para su familia. O un mantel de pl\u00e1stico para la mesa de la casa. O un uniforme escolar para su hija, a quien las otras ni\u00f1as la molestaban en la escuela.<\/p>\n<p>Bernal tom\u00f3 el dinero y sali\u00f3 corriendo hacia una parada de taxis donde hab\u00eda decenas de motocicletas estacionadas, seg\u00fan le dijo luego el anciano a los investigadores. El hombre sali\u00f3 tras suyo grit\u00e1ndole \u201c\u00a1ladr\u00f3n!\u201d.<\/p>\n<p>Varios motociclistas sentados en un muro bajo, frente a un supermercado y que jugaban con sus tel\u00e9fonos y tomaban caf\u00e9 en vasos de pl\u00e1stico, vieron que los hombres se les acercaban.<\/p>\n<p>Cuando comenz\u00f3 la golpiza, un vendedor de golosinas y otro de chorip\u00e1n dejaron sus puestos, temerosos de lo que se ven\u00eda. Otros se quedaron a ver y a alentar a la turba.<\/p>\n<p>A alguien se le ocurri\u00f3 sacar gasolina del tanque de una moto y colocarla en una botella. A medida que el aire comenzaba a oler a carne humana, el griter\u00edo ces\u00f3. Algunos curiosos filmaron con tel\u00e9fonos a Bernal, que trataba de levantarse mientras surg\u00edan llamas de su cabeza.<\/p>\n<p>Probablemente hubiera muerto all\u00ed mismo, entre dos docenas de personas, rogando que le tirasen agua, de no haber sido por Alejandro Delgado. El joven pastor, que conduce moto taxis, lleg\u00f3 al lugar y, horrorizado, se sac\u00f3 su chaqueta negra y comenz\u00f3 a combatir las llamas.<\/p>\n<p>\u201cSon mis compa\u00f1eros de trabajo. No pensaba que eran capaz de hacer algo as\u00ed; algo que yo considero diab\u00f3lico\u201d, comentar\u00eda luego Delgado. \u201cSe cegaron por la ira. Pod\u00eda escuchar la piel ardiendo como fritura. Yo autom\u00e1ticamente le apagu\u00e9 y hasta me lanzaron botellas\u201d.<\/p>\n<p>Bernal fue montado en una ambulancia que busc\u00f3 un hospital con suficiente material m\u00e9dico para hacer frente a las quemaduras. Los videos del incidente circularon por las redes sociales y generaron lac\u00f3nicas condenas. Hasta el enfermero que atendi\u00f3 a Bernal pens\u00f3 que se hab\u00eda hecho justicia.<\/p>\n<p>\u201cSi lo agarraron y lo lincharon, es porque era un malandro\u201d, sostuvo el enfermero Juan P\u00e9rez, quien dijo haber sido asaltado tantas veces que ya perdi\u00f3 la cuenta.<\/p>\n<p>Cuando son\u00f3 el tel\u00e9fono, la esposa de Bernal pens\u00f3 que su marido se hab\u00eda quemado en el trabajo. Al llegar al hospital, se acerc\u00f3 a su cuerpo chamuscado y le pregunt\u00f3 \u201c\u00bferes Roberto?\u201d.<\/p>\n<p>Bernal no pod\u00eda abrir los ojos y apenas si pod\u00eda susurrar palabras. Le dijo que el anciano lo hab\u00eda confundido con el verdadero ladr\u00f3n y que la turba no le hab\u00eda sado tiempo de decir nada.<\/p>\n<p>Falleci\u00f3 a los dos d\u00edas.<\/p>\n<p>Su asesinato no es el primero que sufre su familia. Un sobrino result\u00f3 muerto el a\u00f1o pasado en un episodio de violencia dom\u00e9stica.<\/p>\n<p>El suyo no fue tampoco el \u00fanico ataque en el barrio.<\/p>\n<p>Elisa Gonzales, de 59 a\u00f1os, vio c\u00f3mo la turba linchaba a Bernal desde su ventana. Esa misma noche, observ\u00f3 a otro grupo de hombres que pateaban a un supuesto ladr\u00f3n en la cabeza.<\/p>\n<p>\u201cMe hace mal ver todo esto. Ya no bajo a la calle\u201d, dijo.<\/p>\n<p><b> <\/b><b><\/b><b>Ni la polic\u00eda ni la justicia<\/b><\/p>\n<p>Cuando suceden estos incidentes, la polic\u00eda se maneja como un empleado de un bar en el que se produce una pelea. A veces intervienen para separarlos, pero no pierden demasiado tiempo averiguando qui\u00e9n empez\u00f3. La polic\u00eda dice que ha intervenido en nueve casos de este tipo en la misma zona en los primeros tres meses del a\u00f1o, comparado con los 18 casos que hubo en todo 2015.<\/p>\n<p>Los polic\u00edas sufren cada vez m\u00e1s ataques y han levantado un grueso muro de ladrillos alrededor de la estaci\u00f3n policial del barrio. En las semanas posteriores a la matanza, los conductores de taxi que golpearon a Bernal bromeaban que estaban esperando que los agentes apareciesen por el lugar para pedirles dinero y dejarlos regresar a su fortaleza.<\/p>\n<p>A nivel nacional, la polic\u00eda hac\u00eda 118 arrestos por cada 100 asesinatos, seg\u00fan el Observatorio de la Violencia. Ahora hacen ocho. Rara vez se investigan los robos, al punto de que las v\u00edctimas ya ni se molestan en hacer las denuncias, seg\u00fan informes del gobierno.<\/p>\n<p>La familia de Bernal quer\u00eda que su caso fuese distinto. Comenz\u00f3 a ir a la oficina de la fiscal\u00eda, e incluso llev\u00f3 art\u00edculos alusivos a San Antonio, el patr\u00f3n de los pobres en Venezuela. Esperaban que su presencia avergonzase a las autoridades y las impulsasen a buscar a los culpables de la matanza del cuatro de abril.<\/p>\n<p>Para su sorpresa, lo hicieron.<\/p>\n<p>\u201cTenemos que fijar prioridades\u201d, dijo el fiscal Regino Cova. \u201cCuando una familia viene todos los d\u00edas a pedir justicia, eso tiene importancia\u201d.<\/p>\n<p>Un mes despu\u00e9s de la muerte de Bernal, Cova acus\u00f3 a Maickol Jaimez, de 23 a\u00f1os, que dej\u00f3 sus estudios de derecho, de rociar a Bernal con gasolina. Le asegur\u00f3 a la familia que los otros individuos que aparecen en los videos no quedar\u00e1n impunes. Sostuvo que, abrumados por una tasa de asesinatos digna de una zona de guerra, los fiscales no pueden ir detr\u00e1s de individuos que pegan algunas patadas.<\/p>\n<p>Jaimez viv\u00eda en la misma barriada que Bernal y trabajaba vigilando las motocicletas de los clientes del supermercado, una de las numerosas ocupaciones que han proliferado en medio de tanta violencia.<\/p>\n<p>Al igual que Bernal, nunca hab\u00eda tenido problemas con la polic\u00eda. Pero compa\u00f1eros de trabajo dijeron que \u00faltimamente se lo ve\u00eda molesto porque desconocidos se hab\u00edan robado algunos cascos y bater\u00edas de las motos y \u00e9l hab\u00eda tenido que pagar por ellas.<\/p>\n<p>Les dijo a los fiscales que nunca podr\u00e1n condenarlo porque no hay im\u00e1genes claras de su rostro en los videos. Y podr\u00eda tener raz\u00f3n. El a\u00f1o pasado el estado imput\u00f3 a 268.000 personas de delitos que van de robo a asesinato, el triple del a\u00f1o previo, y solo 27.000 fueron sentenciados.<\/p>\n<p>El cartel del servicio de taxi, en la acera donde muri\u00f3 Bernal, todav\u00eda tiene manchas de sangre. La gente de la zona dice que no las van a limpiar. Es su trofeo de la vez en que se le plantaron firme a una delincuencia que ha sembrado miedo y ha estresado a los habitantes de Caracas.<\/p>\n<p>\u201cLa gente intenta echarnos la culpa a nosotros los motorizados\u201d, dijo Francisco Agro, chofer de taxi de 29 a\u00f1os que particip\u00f3 en la golpiza. \u201cLa justicia, la polic\u00eda en Venezuela no sirven. No es justo pero nos toc\u00f3 proteger un se\u00f1or de la tercera edad de un ladr\u00f3n\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"foto_central cutlineShow\"><\/div>\n<div class=\"text\">\n<p>La esposa y los hijos de Bernal han estado durmiendo amontonados desde el asesinato, temerosos de que vengan por ellos tambi\u00e9n. Su hijo de 11 a\u00f1os dej\u00f3 de ir a la escuela y pasa cada vez m\u00e1s tiempo con los j\u00f3venes que ocupan los callejones del barrio, con los brazos llenos de tatuajes temporales.<\/p>\n<p>La familia no cree que Bernal haya robado a nadie, pero coinciden con quienes los mataron en que en Venezuela no hay justicia.<\/p>\n<p>\u201cTodo el mundo tiene que estar asustado\u201d, dijo su sobrino Alfredo Cisneros. \u201cLa gente tiene que saber que ya no hay ley. Nadie est\u00e1 a salvo\u201d.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARACAS. 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