{"id":22,"date":"2014-03-12T15:45:05","date_gmt":"2014-03-12T15:45:05","guid":{"rendered":"http:\/\/2horizontes.com\/?p=22"},"modified":"2014-03-12T15:52:58","modified_gmt":"2014-03-12T15:52:58","slug":"los-monasterios-que-cuelgan-por-las-nubes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/2horizontes.com\/?p=22","title":{"rendered":"Los monasterios que cuelgan por las nubes"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<aside><\/aside>\n<p>No recuerdo bien como sucedi\u00f3. Creo que giramos al salir de la ciudad de <strong>Bubva<\/strong>, Montenegro, la segunda a la izquierda, tras dos rotondas a la derecha, hicimos una larga recta y tras un giro muy cerrado en cuesta que dejaba el mar a nuestras espaldas apareci\u00f3 el barro. Estaba all\u00ed y poco a poco lo ocupaba todo. Era como si al mundo que ahora contempl\u00e1bamos le hubiera ca\u00eddo un manto de polvo. Sin m\u00e1s, lo que apareci\u00f3 ante nuestros ojos fue la pobreza. Y or cuestiones de c\u00e1lculo.<\/p>\n<p>El Montenegro del interior estaba encapotado all\u00ed donde mir\u00e1bamos. A las ciudades les comenzaba a faltar gente como si estas no tuvieran motivo para mostrarse. Adelant\u00e1bamos mulas que tiraban de carros con torpeza y tras la ventana del coche observ\u00e1bamos casas con sus puertas y techos doblados y un campo en el que no crec\u00eda nada que no fueran bolsas de pl\u00e1stico abandonas por desuso.<\/p>\n<p>Horas despu\u00e9s se acab\u00f3 Montenegro, tras pasar por su capital, <strong>Podgorica<\/strong>, con una mezcla de alegr\u00eda y tristeza en nuestra memoria. De la belleza y grandeza de su costa y pasamos a aquel mundo en el que las sombras ocupaban todo, hasta a ellas mismas, sin dejarse ver. Se acab\u00f3 el pa\u00eds en una fugaz mirada, una percepci\u00f3n, una ventana con forma de palco desde la que el mundo puede ser equ\u00edvoco.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s llego <strong>Albania<\/strong> y lleg\u00f3 m\u00e1s pobreza, m\u00e1s sombras, s\u00f3lo que all\u00ed todo tiene un punto surrealista, divertido. Sus campos est\u00e1n a\u00fan m\u00e1s abandonados que los de sus vecinos montenegrinos y pasamos por aldeas donde las casas eran de lata y cart\u00f3n con demasiada frecuencia pero todo all\u00ed est\u00e1 mezclado con la mayor colecci\u00f3n de <mark><\/mark>que nunca vimos y con un incomprensible entorno: cada kil\u00f3metro hay una gasolinera que casi siempre es de una empresa distinta, un restaurante-hotel en ocasiones algo extravagante y un lavadero de coches. Todos esos negocios lucen tan relucientes como vac\u00edos.<\/p>\n<p>Y luego llega la a\u00fan m\u00e1s sorprendente capital, <strong>Tirana<\/strong>, donde cruzamos un puente de cemento que se balanceaba al paso de los camiones, y donde Albania explota de s\u00ed misma. Todo tiene un toque naif, los\u00a0 y los vendedores en los sem\u00e1foros que ofrecen gomas para el pelo. Aquella noche dormimos en Villa Zenelli Park Hotel, en la ciudad de Elbasan, donde nos entendimos por mimo en italiano y por la generosidad y alegr\u00eda de los que all\u00ed trabajaban. Situaci\u00f3n que se repiti\u00f3 con todos los albaneses con los que nos tropezamos, siempre fueron <strong>encantadores<\/strong>.<\/p>\n<p>Pero el surrealismo (siempre desde nuestros ojos) se hizo imagen en la larga ladera de una monta\u00f1a que trep\u00e1bamos rumbo a Macedonia. All\u00ed hab\u00eda decenas de hombres sentados junto a una manguera abierta con presi\u00f3n y cuya agua corr\u00eda hacia el cielo. Al principio no entendimos nada hasta que vimos que uno de esos hombres y su manguera mojaban uno de esos coches de alta gama al que estaban lavando. Eran lavaderos de veh\u00edculos y ellos esperaban a sus clientes en aquella congeladora monta\u00f1a con.<mark><\/mark><\/p>\n<p>Camino a Hel\u00e9nica cruzamos por <strong>Macedonia<\/strong>. El mundo en un hola y un adi\u00f3s es simp\u00e1tico o seco. Este fue simp\u00e1tico, nada m\u00e1s que aportar de Macedonia. Por fin est\u00e1bamos en la vieja Hel\u00e9nica y nos dirigimos a un lugar donde los monasterios cuelgan de las nubes. Se llama <strong>Meteora<\/strong> pero deb\u00eda llamarse Imposible.<\/p>\n<p>Llegamos a un sitio donde la erosi\u00f3n natural ha moldeado rocas gigantes y el hombre decidi\u00f3 treparlas y construir all\u00ed una guarida espiritual donde retirarse de los otros. En eque se refugiaron en cuevas y es en el siglo XIV, por la presi\u00f3n otomana, algunos monjes encabezados por San Atanasio &#8216;Meteorito&#8217; comenzaron a construir all\u00ed monasterios en los que acercarse a Dios y refugiarse del hombre.<\/p>\n<p>Eligieron aquellas monta\u00f1as porque hasta a Dios pudiera hab\u00e9rsele olvidado que ese lugar existe. Lleg\u00f3 a haber hasta <strong>24 comunidades religiosas<\/strong> que se instalaron all\u00ed, pero la naturaleza y el ser humano demostraron que nada escapa de su mirada. Muchos de esos bell\u00edsimos monasterios fueron destruidos tras un terremoto, tras algunas revueltas a lo largo de los siglos entre las autoridades musulmanas y los religiosos cristianos y tras la Segunda Guerra Mundial. Hoy s\u00f3lo quedan seis monasterios y s\u00f3lo en dos siguen habitando monjes. Meteora es fascinante.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; No recuerdo bien como sucedi\u00f3. 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