Una cámara de seguridad confirma que la niña de Málaga se fue sola por la vía del tren

Las últimas pruebas recabadas por la Guardia Civil sobre la desaparición el pasado miércoles de la niña de tres años Lucía Vivar en la localidad de Pizarra (Málaga) confirman que su muerte fue accidental, como ya apuntaban los primeros análisis forenses. Los agentes del Instituto armado han visionado en los últimos días las imágenes grabadas por la cámara de seguridad que Adif, el operador de la línea ferroviaria, tiene a escasos 50 metros de la estación donde fue vista por última vez la pequeña con vida. Según fuentes policiales, en las mismas se ve a una persona pequeña que los investigadores identifican como la niña, caminando sola por la vía del tren en dirección a la cercana localidad de Álora, en cuyo término municipal apareció su cadáver a la mañana siguiente.

En los minutos siguientes de la grabación, la cámara de seguridad también registra el movimiento de un grupo de personas que, según destacan las mismas fuentes, realizan “movimientos propios de estar buscando a alguien en la estación”. Entre ello, parecen estar los padres de la pequeña y otros familiares con los que se encontraban en el momento de la desaparición, según los responsables de la investigación. Por todo ello, la Guardia Civil y la titular del juzgado que dirige las pesquisas mantienen la línea de investigación inicial que apunta a que la muerte de la pequeña fue fruto del golpe accidental que le propinó el primer tren de la mañana.

En este sentido, estas fuentes añaden el dato de que la herida mortal presentaba restos de grasa similar a la que cubre los bajos de los convoyes e insisten en que en los alrededores del lugar del hallazgo del cadáver no se encontró ningún indicio de la presencia de personas o vehículo. El cuerpo de la pequeña tampoco presentaba otras señales de violencia, según el informe forense.

La desaparición de Lucía se produjo el miércoles de la semana pasada mientras jugaba con sus primos junto al bar La Estación situado en el apeadero de Pizarra. Poco antes de las once y media de la noche, los padres se percataron de su ausencia y dieron la voz de alarma a la Guardia Civil, que inició rápidamente las labores de rastreo en las que participaron durante toda la noche cerca de 600 personas, la mayor parte voluntarios. Siguiendo el protocolo para casos de desaparición de menores, la Guardia Civil inició la búsqueda en círculos concéntricos de 500 metros alrededor de la estación —una zona con numerosos terrenos de riego y campo frutales— que se iban ampliando sucesivamente cuando se descartaba que la pequeña pudiera estar en la zona rastreada. En esa primera búsqueda solo se halló su chupete junto a la máquina expendedora de billetes de la estación.

Un único golpe

Poco después de las siete de la mañana del día siguiente, una llamada alertaba de que el maquinista del tren de cercanías que une la localidad de Álora con la ciudad de Málaga había encontrado el cuerpo sin vida de Lucía junto a la vía, a casi cuatro kilómetros del lugar de la desaparición. El cuerpo de la menor presentaba un único golpe en la cabeza. Tras la primera inspección ocular de los agentes y del forense, las primeras hipótesis de los investigadores se decantaron en una única dirección: la pequeña se había desorientado mientras jugaba y se perdió. Durante horas, caminó siguiendo la vía del tren, por la que no circulan trenes durante la noche, hasta caer dormida entre las vías.

Los investigadores creen aún hoy que la pequeña permaneció así hasta que, sobre las 6.45, el primer cercanías del día, que une la ciudad de Málaga con Álora, pasó sobre ella. No se sabe si el ruido la despertó y, al levantar la cabeza asustada, fue golpeada por los bajos del convoy o si su cabeza sobresalía. Fue el conductor de ese mismo tren quien, al realizar el trayecto de regreso hacia la capital de la provincia, descubrió el cadáver veinte minutos después. Según declaró el maquinista, en ese segundo recorrido vio un bulto en medio de la vía y detuvo el tren pensando que podía ser un animal muerto. Sin embargo, descubrió que era el cuerpo de una niña.



Carmen Ramirez

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