Integración domínico-haitiana

Lenta y ordenadamente se va produciendo en el país la invasión progresiva de cientos de miles de habitantes de la vecina isla de Haití. La teoría del espacio vital que desarrolló en 1822 Henri Christophe.

El planteamiento de la situación en la actualidad es el mismo. La emigración a la parte oriental de la isla ante la problemática del hambre y de la expansión poblacional.

La realidad de la penetración haitiana en nuestro suelo se hace cada vez más alarmante. Miles se quedan aquí anualmente, después de las labores de corte en los ingenios de “azúcar y de alcohol”. O penetran a diario, ilegalmente. Y se quedan en las esquinas friendo “bofe” o “yaniqueques”, vendiendo quinielas o buscandovida en patios y zaguanes. Estadísticas recientes indican que de cada diez mujeres que dan a luz en las policlínicas de centrales azucareros, ocho son haitianas.

En realidad, este no es un problema de ahora. La geografía nos ha unido como dos siameses trágicos, como nos ha enseñado en las aulas universitarias el profesor Jorge Tena Reyes. Ciertamente, el problema es trágico. En Haití, el promedio de parturientas es de 12 años, de donde se deduce el enorme estado de promiscuidad reinante. Además, más del 80 por ciento de la población vive en un estado paupérrimo increíble. Mientras tanto, el índice poblacional va en aumento considerable, y los haitianos siguen ahí, estáticos, en los 22 mil kilómetros cuadrados que conforman su territorio.

Los dominicanos, por nuestra parte, estamos aquí, como si dijéramos, a la expectativa. Pero, la miopía de nuestra indiferencia o de nuestro desconocimiento de la realidad domínico-haitiana nos impide ver con claridad la situación. Estamos a la vera de aquel cuadro trágico. Aún más, unidos geográficamente. Ellos van, poco a poco, minando nuestro territorio, y poco a poco van estableciéndose entre nosotros. La teoría del espacio vital en práctica. O nos echan ellos al mar a nosotros, o nosotros los echamos al mar a ellos. La pujanza viene de su parte. El haitiano es educado en el concepto de la “isla una e indivisible”. La historiografía del vecino país está llena de consideraciones de este tipo. El haitiano tiene una formación socio-histórica en esa proyección. Léase a sus historiadores: Thomas Maddey, Jean Price-Mars, Dorsainvil.

Mientras tanto… qué se está haciendo en el país dominicano para buscar una solución al problema? ¿Qué debe hacerse? ¿Por qué en vez de promover entidades para la integración con otros países más alejados de nuestra realidad socio-histórica no se promueve la integración domínico-haitiana? La integración entre estos dos pueblos –“unidos geográficamente como dos siameses trágicos”- es un imperativo histórico. La solución debe buscarse sin caer en los convencionalismos de los historiadores clásicos (Emiliano Tejera, José Gabriel García) y sin llegar al sectarismo ideológico de historiadores actuales. Una solución práctica, juiciosa y conjunta. Es la única forma de cerrarle el paso a una confrontación que parece irreversible entre nuestro país y la nación vecina “donde cada mañana seca una lágrima el sol”.

(1974)



Carmen Ramirez

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