Dubai: el encanto del desierto

No hay un grano de arena ni un ínfimo papel ni contenedores. Tampoco se ven policías, pero se siente una de las ciudades más seguras del mundo, como definen los rankings. Casi no hay gente en la calle pese a que viven 2,5 millones de personas de 200 nacionalidades y se reciben 15 millones de turistas por año. Es pleno desierto, pero la ciudad es tan cosmopolita y moderna como Nueva York.

En todo eso hay muestras de que lo que no falta en Dubai es dinero. Y lo primero que viene a la mente es el petróleo. Dubai descubrió petróleo y gas al borde de la década del 70 y eso implicó una inyección de fondos para el lugar, pero la realidad es que la economía del emirato, que junto a otros siete forman desde 1970 los Emiratos Árabes sobre el golfo Pérsico, se basa en el comercio, la construcción y el turismo, y los ingresos del oro negro solo representan 4% de la economía.

“Mientras te atengas a las reglas, Dubai es el mejor lugar para emprender, para estar, se experimenta lo mejor de todo”, dice Giulia, una italiana que emigró para trabajar en un hotel cinco estrellas. El emirato es conocido porque los trabajadores no pagan impuestos sobre salarios ni IVA.

En el horizonte siempre se pueden contar más de cinco grúas y cada edificio tiene un diseño particular. Todo es color arena y cielo. Dicen que es para evitar que la pintura luzca desgastada por el efecto de la arena. Solo en la noche, cuando los edificios se iluminan, se puede ver la ciudad en varios colores; alguno hasta ofrece un show de imágenes en movimiento sobre su fachada. La tecnología abunda y es que en Dubai todo se desarrolló en menos de 50 años. Algunas de estas construcciones pertenecen a universidades, compañías tecnológicas, medios de comunicación y empresas de salud extranjeras que se han visto atraídas por complejos libres de impuestos.

Refugio. La mejor época para viajar es de noviembre a mayo. Tanto para un turista como para un lugareño, la paz en Dubai suele encontrarse en las playas muy saladas, calientes y turquesas del Golfo Pérsico, los parques de agua o en el interior de los edificios, donde hay aire acondicionado. Afuera el termómetro marca 48 grados, que se sienten de verdad porque la humedad es alta.

No sorprende encontrar los centros comerciales atiborrados de gente hasta última hora. En el Dubái Mall hay pista de patinaje entre las 1.200 tiendas, 22 salas de cine y 160 restaurantes y en el Mall of the Emirates instalaron una pista de esquí que recrea los Alpes suizos. En pleno desierto otra contraste se da con el Dubai Aquarium & Underwater Zoo. Ubicado en el Dubai Mall, permite, a partir de $ 800, caminar por un corredor con tiburones y mantarrayas nadando alrededor de uno. Y a dos pisos de allí se organiza el ingreso al Burj Kalifa.

Desde el piso 125 se ven más contrastes entre ese desierto, que parece limitar las posibilidades del hombre, y la ciudad próxima que muestra cómo la naturaleza fue desafiada. Desde el VIP del 148 se observa más claro cómo ese sentido de superación se sigue construyendo, ahora, con un gran canal que atravesará media ciudad para poder llevar agua y un panorama menos inhóspito a una zona que se pretende desarrollar. También los vuelos en hidroaviones de Seawings permiten apreciar cómo la ciudad le ha ganado a la arena y al mar con la construcción de sus islas artificiales.

El metro sin chofer es otra opción para trasladarse. Allí hay vagones destinados a mujeres y niños y wifi gratis.




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