Las crisis económica y política de Brasil avanzan ajenas a los Olímpicos

RÍO DE JANEIRO. Brasil llega a los Juegos Olímpicos, que se inauguran este viernes, inmerso en una profunda crisis política y económica que avanza ajena a la mayor cita deportiva del mundo y que, según las últimas encuestas, no ha logrado encandilar a los brasileños.

Los primeros Juegos Olímpicos de Sudamérica arrancan el viernes en un momento en que Brasil cuenta con dos presidentes, el interino Michel Temer y la suspendida Dilma Rousseff, y en que enfrenta la peor recesión en muchas décadas, después de que su economía se contrajera un 3,8 % el año pasado.

Y ni la concentración del país en la cita mundial impidió que la crisis política diera un nuevo paso este jueves con una decisión que dejó a Rousseff al borde de su definitiva destitución.

La comisión del Senado encargada del juicio preliminar contra la presidenta suspendida aprobó hoy, por 14 votos a favor y 5 contra, un informe que acusa a Rousseff de haber “atentado contra la Constitución” por su responsabilidad en diversas irregularidades en la gestión de los presupuestos.

El mismo informe será sometido ahora al pleno del Senado en dos votaciones, la primera prevista para el próximo martes y la segunda para finales de agosto.

En la segunda y definitiva votación, Rousseff sería despojada del cargo en caso de que así lo decida una mayoría calificada de 54 votos, que representan dos tercios de la Cámara Alta.

En ese caso Temer, que asumió interinamente el 12 de mayo y a quien la mandataria acusa de haber orquestado “un golpe”, será confirmado en el cargo y completará el mandato que vence el 1 de enero de 2019.

La presidenta suspendida aún conserva el apoyo de menguados movimientos sociales, que han convocado a protestas en Río de Janeiro para este viernes, poco antes de que los Juegos Olímpicos sean declarados abiertos por Temer.

La mandataria suspendida también rechazó la invitación que recibió para participar en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos por considerar que, tras haber sido protagonista en la organización del evento, no podía tener un papel secundario ahora.

Lo mismo alegó su padrino político y antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente de Brasil que convenció en 2009 a los miembros del COI a concederle los Juegos Olímpicos a Río.

Los grupos que han convocado las protestas quieren manifestar su rechazo a Temer, a quien prometen abuchear en el Maracaná.

Los mismos movimientos expresan abiertamente su rechazo a los Juegos y argumentan que Río de Janeiro, golpeada fuertemente por la crisis económica, vive una “calamidad olímpica” por causa de su empeño en “obras absurdas” para los Juegos, un “caos” en la educación y salud pública y la “especulación inmobiliaria” desatada por el evento deportivo, que ha perjudicado “a los más pobres”.




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